El software gastronómico hecho para el mostrador argentino: la mesa pide, la comanda de cocina sale impresa o en un monitor, la cuenta se acumula sola y al final cobrás con la cuenta dividida si hace falta. Todo en un programa que funciona offline y se paga una sola vez, sin depender de la nube un sábado a la noche.
Un sistema de comanda es el que ordena el viaje del pedido: de la mesa a la cocina, de la cocina a la mesa, y de la mesa a la caja. Cuando ese circuito se hace a mano —talonario, gritos, cuentas en la cabeza— los errores son siempre los mismos.
Si tenés un restaurante, esta escena te suena: la mesa 4 pide dos milanesas y una ensalada a las 21:00. El mozo lo anota en un papel, lo canta en la cocina, y el papel queda pinchado en un clavo. A las 21:40 la mesa agrega una cerveza y unas papas. A las 23:15 piden la cuenta, y ahí empieza el deporte nacional: reconstruir qué consumió la mesa entre tres papeles, la memoria del mozo y la del cocinero. Casi siempre falta algo — y lo que falta lo paga el negocio.
DASHBOX Gastro reemplaza ese circuito entero. El mozo toca los productos en la pantalla y cada ítem queda guardado en el momento, en la cuenta abierta de esa mesa. Cuando manda el pedido a preparar, la cocina lo recibe como comanda impresa en su propia impresora térmica, como tarjeta en un monitor, o de las dos formas. La comanda sale en letra grande, sin precios (a la cocina la plata no le importa) y con las observaciones del cliente: “sin cebolla”, “bien cocida”, “aparte”.
Cuando la mesa pide la cuenta, el total ya está calculado: no hay nada que reconstruir. Cobrás en efectivo, débito, crédito, QR o transferencia — o dividís el pago entre varios (“mitad y mitad”), agregás la propina, y la mesa queda libre en el plano para la próxima ronda. Todo eso quedó registrado para el cierre de caja y las métricas: cuánto dejó el salón, cuánto el delivery, y cuántas vueltas dio cada mesa.
Y el detalle que en gastronomía no es detalle: todo funciona sin internet. La base de datos vive en la computadora del local, con backup automático diario. Se corta la conexión —o la luz— y cuando volvés, cada mesa sigue debiendo exactamente lo que debía.
No es una caja con “modo restaurante” agregado: las mesas, las comandas y el delivery son el corazón del sistema.
Armás el salón arrastrando las mesas a donde están de verdad. De un vistazo ves cuál está libre, cuál ocupada (y por cuánto) y cuál pidió la cuenta.
Un botón manda los ítems nuevos a la cocina: comanda impresa en letra grande y sin precios, con las notas por plato (“sin cebolla”). Nada se manda dos veces.
Un monitor en la cocina muestra los pedidos por orden de espera, con semáforo (verde, ámbar, rojo) y el delivery destacado. Sin impresora también funciona.
La mesa pide a las 21:00, agrega a las 21:40 y paga a las 23:15. Cada ítem se guarda en el momento: un corte de luz no se lleva la noche puesta.
“Mitad efectivo, mitad débito”: el pago se divide en partes que tienen que sumar exacto. La propina va aparte del total y no ensucia el arqueo.
Pedidos sin mesa con nombre, teléfono y dirección. Sale el ticket para la bolsa (dirección en letra grande) y queda el historial buscable para el repartidor.
Sin maquetas: estas son pantallas reales del sistema. Tema oscuro de alto contraste, pensado para leerse rápido en un mostrador con poca luz.
El salón de un vistazo: las mesas verdes están consumiendo, la ámbar pidió la cuenta, y abajo viven los pedidos de delivery y para llevar. Arriba, cuánta plata hay en el salón ahora mismo.
Cada plato muestra su viaje: “en cocina” mientras se prepara y “✓ salió” cuando el mozo lo retiró. Las observaciones (“sin cebolla”, “bien fría”) viajan con la comanda. El botón “A preparar” manda sólo lo nuevo.
La cocina ve los pedidos por orden de llegada, con el semáforo de espera en el borde (verde < 10 min, ámbar, rojo) y el DELIVERY destacado porque hay un reparto esperando. Un monitor enchufado a la misma PC: sin red, sin servidores.
Así se usa de verdad, de la primera mesa al cierre de caja.
En el plano tocás la mesa y cargás el pedido tocando los productos de la carta. Una nota en la milanesa: “sin cebolla”. Tocás “A preparar” y la comanda sale en la cocina — impresa, en el monitor, o las dos cosas.
Cerveza y papas. Al mandar a cocina, la comanda lleva únicamente lo nuevo: si en la cocina suena otra comanda de la mesa 4, siempre significa “hay algo más que cocinar”, nunca un repetido.
Pedido sin mesa: nombre, teléfono y dirección. La cocina lo ve con la etiqueta DELIVERY destacada, y a la bolsa va un ticket propio con la dirección en letra grande y el “A COBRAR AL ENTREGAR” si paga en la puerta.
Marcás “pidió la cuenta” y la mesa cambia de color en el plano: cualquiera del equipo sabe que ahí hay gente esperando. El total ya está listo: nada que reconstruir de memoria.
Uno pone $20.000 en efectivo, el resto va con débito. Propina 10% para el mozo — que va aparte y no toca la caja. El ticket sale al toque en la térmica y la caja queda cuadrada.
El sistema no te deja cerrar la caja con mesas abiertas — un cierre con el salón consumiendo no refleja la noche. Cerradas todas, el cierre Z dice cuánto efectivo tiene que haber, desglosa los pagos divididos y muestra las propinas aparte.
Las tres formas de manejar comandas en un restaurante chico, puestas una al lado de la otra.
| Talonario de papel | Sistemas de abono mensual (nube) | DASHBOX Gastro | |
|---|---|---|---|
| Si se corta internet | Sigue (es papel) | No cobrás ni comandás | Sigue todo igual: es offline |
| Cuenta de la mesa | Se reconstruye a mano, con errores | Automática | Automática, guardada al instante |
| Comanda a cocina | A los gritos o caminando | Impresa / pantalla | Impresa y/o pantalla con semáforo |
| División de cuenta y propina | Calculadora y paciencia | Según el plan | Incluidas |
| Delivery con datos del cliente | Papelitos que se pierden | Según el plan | Incluido, con historial buscable |
| Cierre de caja | No existe | Sí | Cierre Z con arqueo ciego |
| Tus datos | En papeles | En el servidor de otro | En tu computadora, con backup diario |
Lo que conviene mirar antes de decidir — con cualquier sistema, no sólo el nuestro.
Es LA pregunta, y conviene hacerla antes de firmar nada. La mayoría de los sistemas gastronómicos del mercado viven en la nube: la comanda viaja por internet aunque la cocina esté a cinco metros. El día que se cae la conexión —que en Argentina no es hipótesis, es agenda— no podés mandar comandas ni cobrar. Un sistema offline-first como DASHBOX Gastro guarda todo en la computadora del local: las mesas, las comandas y la caja funcionan enteras con la conexión cortada.
La comanda impresa es el estándar de las cocinas: el papel no se cuelga, no se engrasa la pantalla y el cocinero lo pincha cuando salió. La pantalla de cocina suma el orden por tiempo de espera y el semáforo de demoras, y ahorra rollos. Los sistemas grandes te hacen elegir o pagar módulos aparte; buscá uno donde puedas usar cualquiera de las dos, o ambas, con una impresora térmica común de 58mm y un monitor cualquiera.
Preguntá dónde vive la cuenta de la mesa mientras está abierta. Si vive “en memoria” o “en el navegador”, un corte de luz o un cierre accidental se lleva la noche. En DASHBOX Gastro cada ítem se escribe en la base de datos del disco en el momento en que se carga: la mesa 4 debe lo mismo antes y después del apagón.
“¿Podemos pagar mitad y mitad?” es la frase más repetida de la noche. Si el sistema no divide el pago, la respuesta la termina poniendo el mozo con la calculadora del celular, y el arqueo de caja deja de cerrar. Buscá división en partes con métodos distintos y validación de que las partes suman exacto — y que la propina quede registrada aparte de la venta, porque es plata del mozo, no del negocio.
Si hacés delivery aunque sea de forma chica, el pedido telefónico necesita tres datos (nombre, teléfono, dirección) y un papel que viaje con la bolsa. El error clásico es el papelito suelto: se pierde, el repartidor llama, nadie sabe. Un buen sistema te obliga amablemente a cargar los datos al tomar el pedido —cuando el cliente todavía está del otro lado del teléfono— y después te deja buscar cualquier pedido por nombre, dirección o teléfono.
Con los sistemas de abono la cuenta es simple: multiplicá el abono por 24 y sumale los módulos “opcionales” que terminan siendo obligatorios (facturación, delivery, segunda impresora…). Contra eso, un pago único se amortiza en los primeros meses. La trampa está en los descuentos del primer año: el abono barato del mes 1 no es el del mes 13.
Los sistemas se prueban los sábados a las 22:00, no los martes a las 15:00. Preguntá por el soporte en fin de semana antes de comprar. El nuestro atiende los 365 días — porque la gastronomía no cierra los feriados.
DASHBOX Gastro está pensado para el restaurante donde el que atiende es el que cobra: una computadora en la caja con el plano de mesas, y si querés, un monitor en la cocina.
Hasta ~15 mesas con uno o dos atendiendo: bodegón, pizzería, parrilla familiar, restaurante de barrio. El circuito completo en una PC, sin red ni servidores.
Si tomás pedidos por teléfono o WhatsApp y repartís vos, el módulo de delivery con ticket para la bolsa e historial te ordena la operación entera.
Si necesitás que cada mozo cargue desde su celular en la mesa, todavía no somos tu sistema: eso requiere sincronización entre equipos y prometerlo a medias sería venderte humo.
Sin tarjeta para arrancar: probás DASHBOX Gastro con todo en tu restaurante y, si te convence, lo pagás una sola vez.
Precio en pesos, por local. DASHBOX Gastro es un programa pago: te lo dejamos andando con tu operación real para que lo evalúes. Corre en Windows, en la computadora de la caja; el monitor de cocina se conecta a la misma PC. Te lo dejamos instalado y andando, con la carta cargada.
Menos de lo que pensás: lo más probable es que ya tengas la mitad.
Cualquier PC con Windows de los últimos ~10 años alcanza: DASHBOX Gastro está optimizado para las máquinas reales de los comercios argentinos, no para una workstation. Si ya tenés una compu en el mostrador, casi seguro sirve tal cual está.
Para el ticket del cliente: una térmica de 58mm, la más común y barata del mercado (la clásica Xprinter). Para la comanda: una segunda térmica igual, instalada en la cocina — puede ser USB o de red (se conecta por el cable de red y listo). Si preferís empezar sin impresora de comanda, la pantalla de cocina la reemplaza.
Cualquier monitor o TV con HDMI enchufado a la misma computadora de la caja. No necesita ser táctil ni tener mouse: en el circuito de DASHBOX Gastro la cocina sólo mira, y el mozo marca “salió de cocina” desde la caja cuando retira los platos.
La hacemos nosotros, por acceso remoto o en persona según la zona: dejamos el programa instalado, tu carta cargada (nos pasás la lista y la importamos), las impresoras configuradas y probadas, y te enseñamos el circuito completo en una llamada. Al día siguiente estás comandando. Si venís del talonario, el consejo es simple: arrancá un día tranquilo, cargá las mesas como las tenés en el salón, y en una jornada el equipo ya no quiere volver al papel.
Te dejamos DASHBOX Gastro instalado y andando, con tu carta cargada. Probalo con tus mesas de verdad, antes de pagar.